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México a miles de kilómetros: el privilegio de volver a representar a mi país en Corrientes

Hay identidades que no necesitan fronteras para permanecer vivas. México está a miles de kilómetros de Corrientes y, sin embargo, hay momentos en los que esa distancia parece desaparecer. La celebración de un nuevo aniversario de la Independencia de México fue uno de esos momentos. Tuve nuevamente el privilegio de representar a mi país en Corrientes, pero esta vez con un significado particularmente especial: fui convocado por el Vicegobernador de la Provincia de Corrientes, Dr. Pedro Braillard Poccard, para participar de una celebración institucional que permitió que México estuviera presente, una vez más, en esta tierra que también se convirtió en parte de mi historia.

Representar a México desde Corrientes me lleva inevitablemente a pensar en el verdadero significado de la palabra “representar”. No se trata simplemente de hablar en nombre de una comunidad o de ocupar un lugar determinado en un acto institucional. Representar implica llevar una identidad hacia otro lugar sin perder su esencia. Cuando uno vive lejos de su país de origen, la identidad deja de ser solamente un territorio al que pertenece y comienza a convertirse también en una forma de comunicar quiénes somos, qué valores traemos, qué historias contamos y qué vínculos somos capaces de construir.

En mi caso, representar a México en Corrientes significa habitar una especie de frontera simbólica: un pie en México, otro en Argentina y, entre ambos, un puente. Ese puente es la comunicación. Porque las culturas no se encuentran solamente cuando se organizan actos, se muestran trajes típicos, se escucha música o se comparte gastronomía. Se encuentran realmente cuando somos capaces de reconocernos en el otro, de despertar curiosidad, de compartir nuestras diferencias y de descubrir que detrás de cada tradición existen historias humanas que pueden generar identificación mucho más allá de las fronteras.

Durante la celebración, cada elemento de la cultura mexicana funcionó como un lenguaje. Los colores verde, blanco y rojo de nuestra bandera iluminaron el Palacio Legislativo de Corrientes; la música mexicana atravesó el espacio y generó un encuentro entre generaciones; los trajes típicos permitieron mostrar parte de nuestra identidad y la gastronomía, con bebidas tradicionales como el agua de Jamaica, tamarindo y la horchata, se convirtió nuevamente en una expresión de hospitalidad. También tuvimos la alegría de contar con la participación del artista Guille Cabral, “el pequeño mariachi”, quien con su música logró unir a toda la audiencia alrededor de algunas de las canciones más representativas de nuestro repertorio popular.

En ese contexto tuve la oportunidad de compartir unas palabras en homenaje a nuestros héroes de la Independencia. Hablar de México en una fecha tan significativa, y hacerlo desde la Legislatura de la Provincia de Corrientes, fue una experiencia que recibí con enorme orgullo y también con responsabilidad. Porque cuando uno representa una comunidad, no solamente transmite palabras: transmite una historia, una cultura y una parte de la identidad de muchas personas que, como yo, llevan a México consigo aunque la vida los haya llevado a otros lugares.

Con los años también aprendí que el liderazgo no siempre tiene que ver con dirigir. A veces liderar significa asumir la responsabilidad de representar aquello que otros también sienten como propio. Y esa responsabilidad exige coherencia, porque cuando representamos una comunidad, una cultura, una organización o incluso una idea, nuestras acciones terminan comunicando tanto como nuestras palabras. Por eso considero que representar a México en Corrientes no es solamente un reconocimiento; es también un compromiso con nuestra identidad, con la generación de vínculos y con la posibilidad de mostrar nuestra cultura desde un lugar de encuentro y no de aislamiento.

Hay algo profundamente simbólico en que una institución como la Honorable Cámara de Senadores de Corrientes haya abierto sus puertas para celebrar la Independencia de México y que, además, el Palacio Legislativo haya sido iluminado con los colores de nuestra bandera. Para mí, ese gesto fue mucho más que una intervención estética. Fue una manera de decir que una identidad que viene de lejos puede tener un lugar aquí, que nuestras tradiciones pueden ser recibidas y que las diferencias culturales no necesariamente nos separan. También pueden convertirse en una oportunidad para conocernos mejor.

Vivir lejos del país donde naciste transforma inevitablemente la manera en que entendés tu propia identidad. Hay cosas que quizás antes parecían cotidianas y que, con la distancia, adquieren otro valor: una canción, una comida, una palabra, una celebración, una bandera o simplemente una conversación con alguien que comparte los mismos recuerdos. La distancia, paradójicamente, puede hacer que uno comprenda mejor aquello que lleva dentro. Y quizás por eso representar a México desde Corrientes tiene para mí un significado tan profundo: no estoy solamente mostrando de dónde vengo, también estoy mostrando cómo una identidad puede evolucionar cuando entra en contacto con otra cultura sin dejar de ser ella misma.

México y Argentina están separados por miles de kilómetros, pero hay vínculos que no se miden en distancia. Hay algo profundamente valioso en poder construir una vida en otro país y, al mismo tiempo, conservar las raíces que nos dieron forma. En mi caso, México me dio una historia, una cultura y una manera de mirar el mundo; Argentina, y particularmente Corrientes, me permitió construir nuevas experiencias, relaciones y caminos. Hoy tengo el privilegio de poder comunicar desde ese punto de encuentro.

Creo que el verdadero puente entre México y Argentina no está en los mapas. Está en las personas: en quienes migraron, en quienes recibieron, en quienes preguntan, en quienes comparten y en quienes tienen la curiosidad y la apertura necesarias para conocer al otro. También está en quienes asumen la responsabilidad de representar una cultura con respeto, orgullo y sensibilidad, entendiendo que la identidad puede ser una fuerza de conexión y no una barrera.

Por eso, haber sido convocado por el Vicegobernador de Corrientes para participar de esta celebración no fue para mí simplemente una invitación institucional. Fue también un recordatorio de algo que considero fundamental: nuestra identidad no tiene por qué ser una frontera. Puede ser un puente. Y cuando ese puente está construido desde la comunicación, el respeto y el orgullo por nuestras raíces, puede unir mucho más que dos culturas. Puede unir personas, generar encuentros, transformar distancias en oportunidades y crear nuevos significados.

A miles de kilómetros de mi tierra, sigo sintiendo el privilegio de llevar a México conmigo. No solamente en una bandera o en una celebración, sino en aquello que soy, en lo que hago y en la manera en que me relaciono con los demás. Quizás esa sea una de las formas más auténticas de representar una cultura: no intentar reproducirla exactamente en otro lugar, sino mantener viva su esencia mientras construimos nuevos puentes con el mundo.

Hoy puedo decir con enorme gratitud que fue un privilegio volver a representar a México en Corrientes, ser recibido institucionalmente y compartir con tantas personas una parte de nuestra identidad. Porque a veces no hace falta estar en México para llevar a México al mundo. Basta con mantenerlo vivo en lo que somos, en lo que hacemos y, sobre todo, en lo que somos capaces de comunicar.

¡Viva México!

Albert Garza
Representante de la Colectividad Mexicana en Corrientes
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